miércoles, 11 enero 2023 | Opinión

Caso Fernando Baez Sosa: un crimen cultural

El caso de Fernando Baez Sosa, un joven asesinado en 2020 por ocho hombres, escribe una página más de la trágica historia de nuestro país y culpa al deporte.
Caso Fernando Baez Sosa: un crimen cultural
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El lunes 2 de enero comenzó el juicio contra los ocho hombres que mataron a Fernando Baez Sosa, un joven de 18 años que estudiaba derecho en la UBA. El hecho ocurrió en Villa Gesell a la salida del boliche Le Brique cuando Máximo Thomsen, Enzo Comelli, Matías Benicelli, Blas Cinalli, Ayrton Viollaz, y Luciano, Ciro y Lucas Pertossi lo golpearon reiteradas veces hasta quitarle la vida.

El rubio que mata siempre es noticia, nadie se hubiera sorprendido con unos rulos morochos pero los rizos dorados de Carlos Robledo Punch, más conocido como el Angel Negro, dieron mucho que hablar. Al igual que lo hizo Yiya Murano, conocida como la envenenadora de Monserrat, una mujer a la que siempre le gustó ser parte de la burguesía y que fue condenada por tres asesinatos tras envenenar con té y masitas finas a sus amigas. Tal fue la fama de esta historia que la mujer estuvo presente en algunos programas de Mirtha Legrand.

El caso Baez Sosa no está aislado. Ocho rugbiers mataron al hijo de un encargado paraguayo a la salida de un boliche con nombre francés, que mientras lo golpeaban hasta quitarle la vida le gritaban “negro de mierda” y “a este me lo llevo como trofeo”.


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A pesar de la indignación de las personas ante este hecho, nadie pide bala para estos ocho hombres. ¿Por qué? Se siente una especie de unanimidad social para que los jóvenes de élite paguen por lo que hicieron. Sin embargo, si los asesinos fueran “negros” seguramente estariamos contando otra historia.

Pero estamos hablando de los hijos del poder, los que se ríen de todo y desprecian al otro. Los que son capaces de asesinar a un pibe, dejarlo tirado, cambiarse la ropa e ir a comer una hamburguesa.

El caso de Fernando Baez Sosa nos invita a pensar como sociedad. ¿El problema es el deporte? Atrás quedaron las reflexiones culturistas cuando se supo que eran ocho rugbiers, se culpó al deporte, al alcohol, a la noche.

La construcción de la noticia del asesinato gira en torno al estatuto de rugbiers, sin embargo el problema no es el deporte sino el odio de clase. El problema es el desprecio de la clase alta hacia la clase trabajadora. El rugby está infectado y es víctima de todos esos odiadores del pueblo.

El deporte nos iguala, nos une dentro de la cancha en donde no importa la condición social, sexual o económica. Ni la religión ni la nacionalidad. No olvidemos que los clubes de cualquier deporte los hacen las personas, y son ellos quienes rigen las conductas de quienes lo participan.

Los que entendemos que el deporte no tiene nada que ver no hablamos de “ocho rugbiers”, Tras haber escuchado tantas veces “a este negro de mierda hay que matarlo” sabemos que se trata de un crimen de odio racial y esperamos justicia. Para Fernando, para su familia y para todo el pueblo que no mira a un costado.

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