En la conferencia de prensa brindada en Capital Federal, ambos coincidieron en que el hecho se inscribe en un fenómeno vinculado a subculturas digitales violentas de alcance internacional. Se trata de la True Crime Community, un foro online de jovenes que glorifican atentados a escuelas principalmente de Estados Unidos.
El mandatario santafesino sostuvo que el autor del ataque “no tuvo un brote psicótico ni había sido víctima de bullying”, sino que participaba de esta red internacional que promueve la fascinación por delitos violentos y, en algunos casos, la imitación de estos hechos en entornos escolares.
Según explicó, se trata de un fenómeno “nuevo y diferente” que obliga al Estado a desarrollar herramientas de prevención.
Pullaro también valoró la respuesta de la comunidad educativa de San Cristóbal, que “trabajó con compromiso para atravesar una situación para la que no estábamos preparados”, y destacó el retorno paulatino a la normalidad en las escuelas.
De la conferencia participaron también el ministro de Justicia y Seguridad de Santa Fe, Pablo Cococcioni; el jefe de la Policía Federal Argentina, Luis Rolle; y el responsable de la Unidad de Investigaciones Antiterroristas, Guillermo Díaz.
Díaz detalló que la investigación se inició a partir del análisis de redes sociales y derivó en allanamientos, peritajes digitales y la reconstrucción del hecho en el ámbito escolar. A partir del análisis forense del teléfono del agresor, se identificó la vinculación con otro menor, lo que permitió avanzar en nuevas medidas judiciales.
El funcionario explicó que la comunidad TCC es “transnacional, multifacética y descentralizada” y que sus integrantes -en su mayoría adolescentes- comparten contenidos en foros y plataformas cerradas, donde glorifican a perpetradores de masacres y, en algunos casos, planifican ataques.
Asimismo, señaló que los jóvenes investigados también presentaban vínculos con otras corrientes digitales como los llamados “incels” (célibes involuntarios) y grupos catalogados como de riesgo por organismos internacionales. “Se trata de entornos virtuales que pueden derivar en conductas extremas y requieren un abordaje específico desde el Estado y la sociedad”, concluyó.