Aunque la Selección Argentina ya está clasificada al Mundial 2030, la noche en Núñez tendrá un sabor especial y, a la vez, doloroso. Porque más allá del resultado, lo que quedará grabado será la certeza de que estamos presenciando la
Sabemos que todo tiene un final, que hasta las historias más gloriosas se terminan. Pero nadie quiere aceptar que el de Messi ya se acerca. Nadie quiere pensar que al mejor de todos le quedan apenas un puñado de partidos con la camiseta albiceleste.
Y sin embargo, acá estamos. Hace nada lo vimos levantar la Copa del Mundo en Qatar, nos abrazamos en Navidad celebrando su coronación eterna, y todavía recordamos esos gritos de gol que nos hicieron llorar. ¿Cómo pensar en el final ahora, cuando lo vemos más feliz que nunca, disfrutando, sonriendo, llevando a la Argentina a lo más alto como siempre soñó?
La respuesta duele: porque él sabe que el final está cerca. Lo supo en el Maracaná en 2021, lo supo en Wembley en la Finalissima, lo supo en Qatar en 2022 y en la Copa América de 2024 frente a Colombia. Y nosotros, aunque intentemos negarlo, lo sabemos también: no hay un después.
Messi es irrepetible. Rompió el molde. No habrá otro como él, o al menos nada que se le acerque. Y a los argentinos nos llena de orgullo que, en la historia del fútbol, los dos mejores de todos los tiempos hayan nacido en esta tierra. Es, de algún modo, un gol eterno contra quienes siempre nos miraron de arriba.
Casi veinte años pasaron desde que aquel pibe que deslumbraba en Barcelona debutó con la celeste y blanca. Nadie podía imaginar lo que estaba por venir: lágrimas, finales, derrotas, triunfos, la gloria máxima. Todo.
Hoy solo queda darle las gracias. Gracias por nunca rendirte. Gracias por ser ejemplo para los chicos y chicas que sueñan con una pelota. Gracias por llevar la celeste y blanca en la piel y en el alma. Gracias por ser argentino.
El jueves, en el Monumental, será imposible no emocionarse. Porque cada pase, cada gambeta, cada gol tendrá un sabor distinto. Será la despedida de Messi de las Eliminatorias en casa. Y aunque nos duela, qué privilegio haberlo visto. Qué privilegio vivir en la era de Lionel Andrés Messi.