, en la provincia de Entre Ríos, luego de que se confirmara una ola de ataques de
que dejó decenas de heridos durante el último fin de semana.
Entre las víctimas hubo un bañista que perdió parte de un dedo por el ataque de estos peces, lo que derivó en la evacuación de los turistas, la colocación de bandera roja y un llamado urgente a extremar medidas de prevención.
El episodio tuvo lugar el domingo, cuando la Guardia del Hospital Fermín Salaberry atendió a siete personas, entre ellas menores, con lesiones provocadas por mordeduras de palometas. Según informó el propio hospital en un comunicado, todas las víctimas habían ingresado al río en áreas donde el baño está prohibido, pese a la señalización vigente en distintas playas.
Por su parte, el guardavidas de Playa Victoria, Alejandro Martin, contó que tuvo que asistir a más de 40 personas. “Atendí 46 casos, todos graves, y gasté tres botiquines”, relató, y precisó que una de las víctimas sufrió la amputación del extremo de uno de sus dedos tras el ataque.
El guardavidas, con 18 años de experiencia, remarcó que la mayor parte de los heridos recibió curaciones en la playa, aunque varios fueron derivados al hospital por precaución. Ante el incremento de incidentes, los guardavidas decidieron evacuar el sector y colocar la bandera roja para alertar sobre el riesgo, aunque muchos visitantes “no ven los carteles y se meten igual”, según advirtió Martin.
Además, recordó que el año pasado se contabilizaron más de 320 ataques en la zona y denunció prácticas irresponsables que agravan el fenómeno, como arrojar restos de animales al agua, lo que atrae a estos peces.
En este marco, las autoridades locales reiteraron el llamado a la responsabilidad individual y colectiva para evitar nuevos episodios en plena temporada de verano, cuando las altas temperaturas aumentan las probabilidades de toparse con palometas.
Entre las principales medidas preventivas, desde el hospital aconsejaron no ingresar al río en zonas no habilitadas y evitar hacerlo con heridas abiertas.
Las palometas habitan el río durante todo el año, pero se vuelven más activas cuando el agua se calienta y escasea el alimento. Desde el Acuario del Río Paraná indicaron que los ataques suelen registrarse en zonas de poca profundidad y cerca de nidos durante la reproducción.