La crisis de Celulosa Argentina golpea de lleno a Capitán Bermúdez, donde funciona una de sus principales plantas fabriles. La compañía, con nueve décadas de trayectoria en el país, fue vendida en las últimas horas por el valor simbólico de 1 dólar al empresario Esteban Nofal, mientras afronta un pasivo que supera los 128 millones de dólares y un proceso de quiebra iniciado hace tres semanas.
Desde fines de julio, la planta local y la de Zárate permanecen paralizadas, realizando únicamente tareas mínimas de mantenimiento. El argumento oficial es el “deterioro del capital de trabajo”, pero en Bermúdez la preocupación pasa por la incertidumbre laboral de los empleados, en un contexto en el que no hay producción ni señales de reactivación inmediata.
El traspaso accionarial implica que Nofal, dueño de la financiera CIMA Investments e hijo del recordado empresario Luis Benjamín Nofal, se queda con el 45,5 % de las acciones de la compañía, desplazando al fondo Tapebicuá, hasta ahora controlante de la firma. La operación se dio en el marco de la quiebra solicitada por Tecmaco, acreedora por una deuda de 17 millones de pesos.
Más allá de la venta, la ley obliga al nuevo accionista a realizar una Oferta Pública de Adquisición por el resto de las acciones que circulan en la Bolsa, en resguardo de los inversores minoritarios.
Los balances más recientes de Celulosa reflejan la profundidad de la crisis: pérdidas por 172.634 millones de pesos en el último semestre, en contraste con los 37.831 millones de ganancias obtenidos en el mismo período del año pasado.