viernes, 01 julio 2022 | Deportes

Nadia, la Beltranense que se hacía llamar Cristian para poder jugar al fútbol

Se trata de Nadia Capó, quien desde muy chica descubrió que su pasión era el fútbol y debió transitar un largo y duro camino para llegar a donde hoy está. A sus 23 años se destacó en distintos clubes y hasta fue una de las ocho jugadoras en firmar un contrato profesional con Rosario Central.
Nadia, la Beltranense que se hacía llamar Cristian para poder jugar al fútbol
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El fútbol es pasión de multitudes y nuestro país es reconocido por su gran entusiasmo hacia este deporte. Es de público conocimiento que esta disciplina tradicionalmente se asocia a los hombres y que desde sus inicios su práctica era desarrollada por ellos. Las mujeres que querían realizarlo debían hacerlo a escondidas y su inclusión en él estuvo llena de dificultades. Actualmente, y a pesar de que la mentalidad de gran parte de la sociedad está cambiando, sigue ese prejuicio.

Nadia Capó es oriunda de Fray Luis Beltrán, tiene 23 años y le dedicó la mayor parte de su vida a este deporte. Sin embargo, es un claro ejemplo de lo mencionado antes.

Al venir de una familia muy futbolera siempre estuvo relacionada con el deporte. En los clubes, por su sexo no la aceptaban como jugadora, pero un día acompañando su familia a un partido, tuvo la posibilidad de entrar a la cancha. “Mis primos y hermanos jugaban en un club de Ricardone, llamado Los Leones, y yo los acompañaba a todos los partidos. Un día, faltó un chico y para completar el equipo me metieron a jugar, ya que sabían que yo estaba siempre con la pelota. Desde ese día no pude salir más de la cancha”, contó.


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Lo llamativo de esta situación es que no podían llamarla por su nombre, ya que no les permitían jugar a las mujeres. Por lo que se hacía llamar Cristián. Pero esto no evitaba los gritos del público presente. “Me decían que vaya a jugar a las muñecas, era algo constante”, confesó.

Con el tiempo, también pudo jugar en clubes del cordón industrial: Beltrán F.C; Cabral, Colón, Escuela Municipal de Fútbol. Vistió diferentes camisetas e incluso disputaba clásicos, pero afirma que lo único que le importa era poder jugar. Además, al mismo tiempo que jugaba en Beltrán, dirigía categorías masculinas en Sargento Cabral. Cabe destacar que estos equipos representan el clásico de la localidad beltranense.



Sus primeros pasos no fueron nada fácil, en aquel entonces no había equipos de mujeres, por lo que sí o sí tenía que jugar con varones. Así que sus primeros 4 años en este deporte fueron en equipos de varones. Lo más difícil para ella fue ser DT. Su abuelo, de 80 años, dirigía las categorías de los más chicos en Sargento Cabral y, como estaba mal de salud, ella lo ayudaba, así que se las dejó a cargo. De esa manera se convirtió en profe, pero los árbitros no la dejaban entrar a la cancha porque era mujer, ese era su argumento, que ella no era un hombre. Así que, siendo la entrenadora del equipo, tenía que estar afuera.

Acá comienza el camino de esta joven que soñaba con triunfar en el fútbol. Hasta sus 14 años, edad en la que pudo jugar por primera vez en un equipo femenino. Y esto fue, ni más ni menos, que en Rosario Central.

Se destacó en el club y llegado el septiembre de 2019, la joven se convirtió en unas de las ocho jugadoras en firmar su primer contrato profesional con Rosario Central, esto “fue una manera de terminar de cumplir mi sueño”.



Así fue creciendo en este deporte, poco a poco y superando diferentes obstáculos. Hasta su llegada a un club de Buenos Aires del que se fue con un sabor amargo.

“Tuve momentos muy malos con el club, esto me afectaba lo futbolístico. Además, era la primera vez que estaba lejos de mi familia, fue el doble de complicado”, confesó.
En noviembre volvió a Fray Luis Beltrán, con la idea de no volver a jugar en Buenos Aires. Hasta que recibió un llamado del club Defensores de Belgrano y aceptó la propuesta.

Por último, Nadia dejó una reflexión muy importante en la que aclaró que sentirse cuidada es muy importante para las futbolistas. “Yo no quería jugar al fútbol porque me maltrataron, me acosaron y recibí comentarios. Pero no soy la única, esto le pasa a la mayoría de las jugadoras y muchas de ellas deciden dejar el deporte. Y esto no es por no rendir en la cancha o por una lesión, las mujeres dejamos por acoso y maltrato. No somos el masculino, el hombre deja cuando tiene una lesión o cuando están grandes. Nosotras a veces no queremos jugar al fútbol porque no queremos ni debemos tolerar el acoso, maltrato o manipulación”, concluyó.

Nadia Capó nos invita a la reflexión hacia el fútbol femenino que desde sus inicios estuvo marcado por la inequidad y desigualdad. Aunque es cierto que las mujeres siguen tomando fuerza y haciéndose lugar de a poco, aún queda mucho camino por recorrer para equiparar el estatus, el sueldo y la relevancia que tienen los equipos de mujeres en comparación con los de hombres.

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